domingo, 7 de junio de 2009
Carta al mar
Supongo que será por haber nacido en una ciudad interior y que mis encuentros con el mar se remiten a excursiones domingueras o días de camping, que pasear por la orilla de la playa o sentarme a ver el sol esconderse detrás del mar, son para mí de las actividades más placenteras que existen.
Cuando tengo oportunidades de sentarme a la orilla, suelo pensar que el gigante azul debe estar triste. Nos hemos dedicado a sobreexplotar sus recursos, a utilizarlo como vertedero contaminando cada centímetro de sus aguas, maltratando a los millones de seres vivos que lo pueblan. Pero, probablemente, la mayor de sus tristezas sea contemplar como, cada año, cientos de personas se juegan la vida en sus aguas para llegar a España. Quizás, se sienta culpable por la muerte de muchas de ellas.
Escribo esta carta al mar para decirle que él no tiene la culpa de tantas muertes injustas, que los culpables somos otros, pero que continúe estando triste, que no olvide ni mire para otro lado como hacemos todos, que siga alzando su voz contra una de tantas barbaridades provocadas y consentidas por los seres humanos. Cada año desaparecen en sus aguas muchas personas que, animadas por el instinto de supervivencia y por la necesidad extrema de sobrevivir a una situación de pobreza y violencia inconcebibles, deciden emprender un viaje a la “tierra prometida” con consecuencias imprevisibles.
Solo espero, querido mar, que para ti, esas personas sigan teniendo nombre y apellidos, y una profesión y una familia y unas ilusiones y unas esperanzas. No permitas que se conviertan en un número, porque si conservan el nombre, al menos, al igual que las víctimas del Airbus que se estrelló la semana pasada en tus aguas, podrán ser lloradas y recordadas y se hará lo imposible por devolver, aunque sea un cuerpo inerte a las apenadas familias.
Nosotros ya hemos interiorizado que hay personas de primera, segunda, y ya no sé hasta que otras categorías vamos a llegar, pero por favor, tú no lo hagas. No lo olvides nunca, no te contagies del egoísmo humano. Por favor, no lo hagas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentarios:
Muy buena entrada, repleta de verdades, de esas de las que duelen si te paras a pensarlas realmente, cosa que tan poco nos gusta en esta sociedad hipócrita en la que vivimos. Al fin y al cabo, lo único verdaderamente importante que nos diferencia de esas personas que se dejan la vida en el mar, es dónde hemos nacido, dónde hemos tenido la suerte de nacer y han tenido ellos la desgracia. El principal problema, es que no veo cerca nada parecido a una solución a tantas y tantas injusticias. Por cierto, muy original el punto de vista de la entrada.
Parece que tenías muchas ideas esperando a que te decidieras a empezar con esta aventura... Me alegra mucho que por fin te hayas decidido a compartirlas.
Publicar un comentario